JESÚS, entre la cruz y el cielo
Aquí, en la cruz, el rostro tiende a mirar el suelo. Pero los ojos buscan al Padre en el cielo. El espíritu domina al cuerpo y, a cada parte, le ordena dormir. Las extremidades ya no le pertenecen y el ritmo cardiaco se armoniza con la lentitud de la eternidad. El mar de las venas se ata al flujo ejercido por la Nada y los glóbulos rojos son hormigas que hacen cosquillas con sus patas.
El cuerpo queda aquí, sujeto a lo terrenal, pero armonizado al vivo latir de las rocas. La gravedad cede ante la levedad del Ser, pero aún hay un ancla que no le permite desprenderse; el cuerpo lo jala con los eslabones de la realidad, porque, se resiste al abandono total.
Aún. Algo del cuerpo percibe..., la calidez del sol cayendo junto a la tarde, la brisa trayendo el aroma verde profundo de los olivos, el rodar de las lágrimas, de María Madre, de Pasión Magdalena; ellas, con su amor de mujer, no permiten que un espíritu que no comprenden abandone definitivamente el cuerpo que ellas aman.
Conciencia de estar he irse. Conciencia de existir, al sentir que se existe. Candado terreno que niega la consciencia universal. Perder la conciencia del cuerpo es sumarse a la consciencia de Dios.
Algo se hinca en las piernas y los nervios aletargados lo registran. La mente, que aún sigue siendo mente, al cuerpo, le habla del soldado romano y de la punta de su lanza. Es ahora, cuando el cuerpo entiende que, de estar, va a morir. Es ahora cuando acepta subsistir en la expresión mínima de los sentidos, tan mínima e insignificante que hasta los cuervos lo creerán muerto.
Entre la cruz y el cielo flota el espíritu y desde allí ve: al soldado romano impaciente, a las mujeres llorosas expectantes, al maestro esenio sentado bajo un olivo paciente, al amado Judas alistando la gruta..., Judas inocente de traición, valeroso Judas...
El alma quiere partir en busca de su creador, pero aún no es hora. ¿Qué falta? ¿Qué hilo terreno debe cortarse?
El camino del universo invita y quisiera ir..., pero los actores del drama de la vida pasada no han dado por concluida la obra y no lo permiten. Insustancial, recorre sus corazones y en ellos, lo golpean sentimientos encontrados. El de María, desea ser madre de todos los pobres de espíritu para cobijarlos en su santo seno. El de Magdalena, ser el cuerpo eterno que se preste a consolar al desconsolado. El de Juan, es una roca de inmaculada pureza; una roca, madre y padre de todas las rocas que cobijen a los creyentes de que puede existir un mundo de paz y amor; su corazón desea ser todas las rocas que no se tiñen de la sangre en sacrificio. El de Pedro, es una barca a la deriva; a su corazón lo mecen las tormentas del mundo y será espejo de lo que no desea. Judas traición, es el corazón más grande y compasivo..., pero su compasión verterá como sangre rebelde y por siempre, todo aquel que traicione el orden establecido, será un Judas.
El espíritu le pide a la mente que piense... “Perdón hermano por el destino que te di, de los doce, sólo tu ya te has ganado un lugar al lado del Padre y mientras, yo sea recordado, tu, también. Eso es la eternidad. Sólo perecen aquellos que aparecen una sola vez. La consciencia universal es el registro y, cada vez que alguien recurra a ella y te rescate, tu vida de ahora tendrá la opción de generar una versión. Y eso es eternidad. La Idea de Dios incluye infinitas posibilidades para cada acto, y recorrer esos caminos es retornar a ÉL.”
El espíritu baga en un limbo sin fronteras. Arriba y abajo pierde identidad. En su buscar a Dios lo allá por todos lados. Algo lo jala hacía la cruz y es la lanza del soldado perforando uno de los lados del cuerpo. Quiere regresar, pero sabe que no debe. La carne recuerda su función y por un instante retorna de su estado alterado. La consciencia recuerda el agua convertida en vino y la sangre se torna agua. El soldado romano se convence y se va.
El maestro esenio, sentado bajo el más viejo de los olivos, sabe, lo que ni siquiera Jesús sabe. Una gorda aceituna se deshace entre sus dientes y, al arrojar el carozo, es consciente del destino de su alumno. La naturaleza es cruel y violenta, pero de ella crecen flores que con su pureza endulzan el aire de los sufrientes. Jesús es la flor que a través de los siglos se extenderá, a lo largo y ancho del mundo. Quienes la porten la usarán para bien y para mal. Este universo se basa en la dualidad y por eso, en nombre de Jesús, algunos amarán, mientras, otros matarán.
(Eso, sólo, lo sabía el maestro esenio y lo había callado, respetuoso de los senderos nacidos en la Idea).
El espíritu se pregunta ¿qué hilos me atan a la Tierra?
El pensamiento de su maestro llega hasta él... “El verdadero sacrificio, no es morir e irse; es retornar y ser el observador absoluto del rodar de la esfera que ya has movido. Por tres días cuidaremos del cuerpo, mientras tu viajas a la mente de Dios.”
Segismundo |